jueves, 1 de agosto de 2013

La Fuente

 

Hay quien no cree en el amor. Hay quien dice que es una palabra muy manoseada y que de tanto usarla "en vano" ha perdido su significado,  su fuerza.

Yo tampoco creo en la palabra amor. Las palabras son sólo eso "palabras", que de tanto usarlas y abusarlas esconden y enmascaran el propósito verdadero, unas veces noble y otras innoble.

Yo prefiero hablar del sentimiento. Ese sentimiento que nos mueve y nos conmueve ante el sufrimiento ajeno, que saca lo mejor de nosotros, que no elige, ni pide contrapartida.

El tal sentimiento no tiene sujeto activo ni pasivo concreto. Tampoco es exclusivo de los seres humanos.  Nos brota de algún lugar recóndito de nuestro interior. De dónde? no sabemos. Por lo menos yo no lo sé. Hay quien dice del "corazón", de la "mente", del "alma".... Qué más da,  es lo de menos, nos debatiríamos en discusiones interminables y pueriles. Aquí la cuestión es a quién o a qué da de beber esa inagotable y misteriosa "Fuente".

Que mi fuente se derrame sobre tí
calmando tu sed
refrescando tu alma

Que sus aguas laven tu mirada
para que te mires en mí
y en su espejo la veas reflejada

Fuente inagotable, fuente eterna
podrás tomar cuanta quieras
mientras su manantial no enlodezcas

Sus propiedades son curativas
calman el dolor, atraen la alegría 
ahuyentan  las tristezas
  
Cuanta más bebas más manará
sus gotas se esparcerán
formando estanques, lagunas enteras

A saciar la sed puede venir cualquiera
gentes malas, gentes buenas
cervatillos gentiles, hediondas hienas

Se llama Fuente del Amor
no pertenece a nadie 
fue derramada para que tomásemos de ella

Bebamos sin miedo
sumerjámonos en ella
y esparzámosla sobre la Tierra 
 





domingo, 19 de mayo de 2013

Lo que las palabras esconden



Hablamos y hablamos sin parar, muchas veces para no decir nada, sólo porque nos gusta oirnos o que nos oigan los demás.

Cuántas veces pensamos antes lo que vamos a decir?
Cuantas veces medimos el alcance de nuestras palabras?

Simplemente dejamos que salgan por nuestra boca. Sin el filtro de la prudencia, sin sopesar el contenido y su repercusión en quien está al otro lado. Sin embargo, cuantos disgustos nos ahorraríamos y le ahorraríamos a nuestro interlocutor.

La vida actual es prisa, pero deberíamos hablar con pausa, con sosiego. Ojalá pudiésemos hablar menos y escuchar más.

Vertimos nuestras palabras, a veces diciendo lo que no queríamos decir, a quien no se lo queríamos decir. Son el eco de nuestro interior. Si hay furia, frustración, tristeza, envidia, celos y un largo etcétera, esos sentimientos ocultos brotarán disfrazados en forma de palabras.

Huimos torpemente del silencio, cuando el silencio es el mejor bálsamo del alma. Cuantas veces consolaríamos mejor al amigo afligido permaneciendo a su lado, sin hablar, sólamente haciéndole sentir nuestra presencia, transmitiéndole nuestra amistad y amor con una mirada.

Otras veces hablamos para ocultar unos sentimientos que nos averguenzan,   para evitar que nuestra mirada nos delate, para distraer con nuestros labios lo que dicen nuestros ojos.

De qué  hablamos? simplemente de la cobardía. Ocultar lo que verdaderamente querríamos decir y enmascararlo con palabras.

Mirémonos en silencio y que hablen nuestros ojos, ellos contienen la verdad.

viernes, 10 de mayo de 2013

Día de la madre?

                                                                                                         
                         
                                                                                                        
Cachorritos con su Mamá

Por qué celebramos un día al año el día de la madre?
Nos hemos parado a pensarlo?

Los días anteriores al evento, la televisión nos inunda con múltiples comerciales de perfumes, ropa, cosas para el hogar y un largo etcétera.

No le estamos haciendo el juego a los intereses comerciales de grandes firmas, que lo único que persiguen es que gastemos en sus productos para incrementar sus beneficios?

Es que, acaso, la madre no es madre todo el año?
Necesitamos que nos lo recuerden?

Necesitamos satisfacer nuestro ego personal con aquel regalo, de reconocimiento de los hijos por nuestra "abnegación y entrega"?  

Es que acaso hay otra manera de ser verdaderamente madre, que no sea sintiendo amor y cuidándolos como un tesoro que nos ha regalado la vida?

Tal vez soy yo quien no entiende este mundo.

No me gusta este "juego". No me gusta que me manipulen. No me gusta recibir un regalo porque alguien ha decidido que los hijos, atendiendo a la llamada del consumismo,  deben gastarse -en algunos casos el escaso dinero que tienen- en rendir un tributo a alguien que, en su día, cumplió una función biológica propia, cual es la de alumbrar o dar a luz -como prefieran-.

Ser "madre" es otra cosa, que nada tiene que ver con la función de parir.

Yo quiero ser la madre que es cualquier hembra del reino animal.

Yo quiero ser la madre que es la perrita de la foto. Que alimenta unos cachorros que no son suyos; que entiende que, aún no habiéndolos parido ella, necesitan alimentarse y que alguien cuide de ellos; que no espera regalos; que no espera agradecimientos; que los protegerá como propios; que les enseñará a desenvolverse en su entorno; que los dejará marchar cuando entienda que ya están preparados, porque sabe que la libertad es esencial para ellos, incluso los peligros.

Yo quiero hacer mías las palabras del sabio poeta Kahlil Gibran y os las quiero regalar a las madres humanas. Las otras, las del reino animal,  no las necesitan, están impresas en su genética:

Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.

No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo no te pertenecen.

Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos,
pues ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus almas,
porque ellas viven en la casa del mañana,
que no pueden visitar ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede, ni se detiene en el ayer.

Tu eres el arco del cual tus hijos como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación en tu mano de arquero sea para la felicidad.
                    
                                                         Kahlil Gibran


martes, 9 de abril de 2013

El último amante






Hacía mucho tiempo que no abandonaba "su guarida" -así llamaba al pequeño y sucio rincón que constituía todo su mundo-. Si un cliente urgía sus favores, salía en busca del ansiado "veneno". Transitó  por la adormecida playa cuando apenas despuntaba el alba. Perlas de sudor bailaban y descendían por su cansado cuerpo,  mientras  las  olas lamían sus debilitados pies. Noches enteras de delirio, sueños atormentados por la  miserable locura de su ser. 

Oyó una voz que la llamaba:

- Ven, criatura, acompáñame. Mi sal sanará tus heridas, acariciaré tu cuerpo entre mareas y susurros de deseo. 

Una ráfaga de viento la empujó hacia el Mar. Ella se entregó plácidamente. Él, su último amante.

sábado, 6 de abril de 2013

El vuelo de la alondra


Surqué valles, cimas y mares
nuevos cielos, nuevos horizontes busqué
libré peligros, me desorienté
mi instinto me ayudaría, no debía desfallecer 

Crucé desiertos, secos y áridos
iba en busca de un vergel
pero el sol quemaba mis plumas
la arena cegaba mis ojos
no hallaba agua donde beber

Busqué el anhelado oasis
y hasta lo creí ver
palmeras cargadas de dátiles
camellos o dromedarios, no sé
la  visión se me nublaba, bajé y me posé

La cabeza me dolía, casi desmayé
era alucinación, o tal vez cierto
 escondida tras matorrales creí ver un harén
hermosas mujeres danzaban junto al oasis
 el jeque, figura erguida, contemplaba su vaivén 

Temerosa, con vuelos y saltos cortos
me acerqué al agua para beber
sacié mi sed y mis plumas remojé
ya tenía mi buche lleno, ya bastante descansé
y despidiéndome de otros congéneres el vuelo remonté

Busqué de nuevo el rumbo
volé, volé y volé
de nuevo el agotamiento, de nuevo me desorienté
dónde estará mi bandada, me pregunté
como no hallaba la respuesta el vuelo continué

Casi se ponía el sol cuando por fin divisé
campos, tejados y un campanario
y haciendo un último esfuerzo mis alitas agité
vi una hermosa estátua blanca y sobre ella me posé
acostumbrada a nosotras mi presencia no pareció molestarle

- Pareces cansada alondrita, -me dijo la inerte-

- Vengo desde muy lejos, ando perdida y exhausta

- Qué te trae por estos lares, dónde está tu bandada?

- Me quedé huerfanita desde temprana edad, por lo que me crié un tanto independiente. Más tarde,  harta de migrar con las otras, decidí buscar nuevos rumbos yo sola, pero el viaje ha sido duro, solitario y peligroso. Crucé montes y mares, visité lugares en los que antes nunca había estado y hasta conocí el desierto, bueno, para ser sincera te diré que sufrí el desierto, es un lugar ardiente, estéril y lleno de arena que te ciega y quema si te posas en ella.

- Qué interesante, cómo te envidio. Yo siempre estoy aquí, pegada a mi pedestal, desde que me modeló un gran maestro. Lo único que sé del mundo es por lo que me cuentan otras bellas aves que, como tú, se posan sobre mi cabeza. Ni las adulaciones, que los humanos hacen sobre mi belleza al contemplarme,  consuela mi soledad. Pero no hablemos de mí, sigue contándome toda la historia, todo lo que viste, cuántas rapaces tuviste que sortear, cuenta, cuenta.    

- Sí, bella estátua, enseguida te lo cuento, pero déjame descansar un poco sobre tu hombro, daré una cabezadita para aliviar este tremendo cansancio y luego te hablo sobre las cosas extraordinarias que vi, sobre los hombres...

La estátua esperó, respetuosamente, el merecido descanso de la alondra. Esperó y esperó, total no tenía otra cosa que hacer. Cuando por fin creyó que ya habría descansado lo suficiente comenzó a pedirle que se despertara pero, por más que insistió, la alondra no contestaba, ni la sentía moverse, entonces reparó en la rigidez de su cuerpecito, casi tan frío como ella, en su maltrecho plumaje y en sus patitas lastimadas, encogidas en un rictus de sobras familiar y le susurró quedamente:

   - Descansa en paz, mi querida alondra.   


viernes, 5 de abril de 2013

Vida nueva, savia nueva


Nació en Enero, con los rigores del invierno, cubierto con el calor de amores y anhelos. Una vida nueva, el primer hijo,  el primer nietecito. Es lindo como un ángel, yo nunca los he visto pero los presiento, sé que andan entre nosotros, que adoptan diferentes  formas, que anidan incluso en el corazón de los hombres, que nos ayudan  de una manera u otra, con su presencia, su sonrisa, con ese halo indescriptible de lo etéreo.

No sabía que sentiría al tenerlo entre mis brazos, me acordé de cuando acunaba a mis hijitos, de cómo me embelesaba contemplando su sueño, la placidez de su rostro, su sonrisa dormida evocando quien sabe que imágenes,  quien sabe que recuerdos. Se ríe mucho cuando "los absurdos"  -seguro que así nos debe ver él- le ponemos carotas, mientras babeamos en el éxtasis de su contemplación y emitimos sonidos raros, tratando de que aprenda, incomprensiblemente, la palabra "aajo", que el angelito, en un gesto que le honra por su autodeterminación y propia personalidad ha traducido en un "aguu". Le hablas y parece que te quiere entender, que te quiere hablar, con esos preciosos ojos que  miran y lo contemplan todo con la avidez de lo nuevo, descubriendo objetos, formas y colores. No entiende todavía la vida, pero no le importa, ahora sólo la percibe a través de sus sentidos y éstos le transmiten sensaciones agradables y placenteras.

- No está mal haber nacido, a pesar de que me hayan  sacado de la calentita piscina donde me tenía guardadito mi mamá  - pensó, o algo parecido a pensar- a no ser por aquella  vez,  cuando  una cara desconocida me cogió entre sus manos y, quitándome la ropa de mi pobre culito,  me clavó una hipodérmica y me inyectó un líquido frío y doloroso (más tarde sabré que le llamaban vacuna y que lo hacían por mi bien). Caramba con los adultos, qué cosas hacen por el bien de uno!  tendré que ir con cuidado con lo que ellos, esos gigantes grandotes,  llaman "el bien de uno". Sólo lloré un poquito, luego mi mamá -que ponía cara de pena, como si se la estuviesen poniendo a ella- me tomó entre sus brazos y me salvó. Luego mi papá, cuando volvió a casa, de un lugar que ellos llaman "Trabajo",  también puso cara de penita  por mi lastimado culito y se pasaron la noche tocando mi frente y mimándome todavía más. Ahora sé que si vuelven a ponerme otra ración de la desagradable "vacuna por mi bien" tendré extra de mimitos.

- Hay una cosa que no acabo de comprender, tal vez por mi inexperiencia vital, es que a mis papás cada día se les pone más oscura la piel de debajo de los ojos y el resto de sus caras, en cambio, se vuelve más y más blanquita. Tendré que preguntarlo cuando aprenda a decir algo más que "aguu",  sí, debo ampliar más mi vocabulario si quiero entender a los "gigantes grandotes"

Él, que tiene la sabiduría de la inocencia no contaminada,  sabe que se llama de nombre "Deseado" y de apellido "Bien Amado". Lo demás seguro que  no ha de importarle. Sabe que siempre hay unas manos que lo acunan y acarician, un pecho que lo alimenta con líquido dulce y sabroso, sintiendo el calorcito amoroso del cuerpo materno mientras él posa su manita en tan suave manjar. Unas voces conocidas y reconocidas, que le hablaban, incluso, cuando crecía y nadaba en su particular piscina privada.

- Lo que más me gusta del día, además de la hora del "bibi" que sale de mi mamá, son los paseos en mi "ferrari", bien arropadito, con una cosa que los adultos llaman  Sol  calentándome, mientras el traqueteo me adormece y me voy a otros lugares, de ahora  y de antes. Ah, y también cuando llega la hora en que mi papá  
llega de eso que llaman "Trabajo" y se ríe y habla conmigo de cosas que aún no entiendo - caramba, tengo que darme  prisa con mi vocabulario, ya lo intento ya, pero lo siguiente que viene es  "papá" y "mamá" y  esas están más complicadas que mi "aguu"- y cuando me levanta en sus fuertes brazos y me prepara un calentito banyo que yo agradezco chapoteando y riendo, mientras mamá espera, con la toalla preparada  para que mi cuerpecito no se enfríe.

- Otra cosa que he aprendido es que, cuando lloro, acuden rápido a mi lado y me acunan, o me cambian cuando estoy mojado y me dan mi "bibi" calentito. Qué raros que son los adultos, ellos necesitan decir muchas palabras para pedir y decir las cosas y yo, sólo con llorar, tengo colmadas todas las necesidades. Supongo que a medida que vaya creciendo iré entendiendo las cosas absurdas que los "gigantes grandotes" hacen.

martes, 19 de marzo de 2013

Sentada en la terraza de un bar



Sentada en la terraza de un bar, con una taza de café en la mano, mis pensamientos divagando por el mar de la soledad. Es la hora del descanso en el trabajo, de hacer un alto, un cortocircuito necesario. Huyo de las compañeras y busco la intimidad de mis pensamientos. No quiero oir el parloteo insustancioso del programa de televisión que vieron en la noche, del partido Madrid-Barcelona o, recurrentemente, de los problemas y cuestiones del trabajo. Me niego. Cada día que pasa me cansa más la gente. Me cansa tanto vacío. Siento que la vida es muy efímera como para malgastarla en cuestiones tan banales. Me niego. No quiero albergar en mí el vacío, aunque a mi alrededor se halle el vacío. De mi interior soy la única dueña, yo decido cómo y con qué quiero rellenar hasta el último recoveco y que cosas desterrar de ese reino sagrado, del que no todos poseen la llave.

Será que me ha cansado la vida? esa vida, abarrotada, de gente sin vida?
Peones de una sociedad artificial, esclavos de unas necesidades que no lo son, ávidos de glorias engañosas, devoradores de modas, de mitos de barro,  vacíos como ellos.
Será que ya he llegado al período de Conclusiones en mi vida?
Si es así, cuanto contemplo me decepciona más que me alienta. No hallo el amor como dogma de vida: el amor a uno mismo, el amor a los demás, la comprensión, la empatía, la tolerancia, la compasión...; sólo egoismo, ira, violencia, envidias, celos.... sufrimiento al fin y al cabo, rechinar de dientes.

Debo ser yo la rara, sí, la nota discordante en una sinfonía en la que desentono. Da igual, por más altos maestros que la dirijan, a mí no me parece melodiosa, sino estruendosa y delirante, nos rompe los tímpanos, nos conducirá a la locura. Quizás ya nos ha conducido.

Me vuelvo a la paz de mi reino. Disculpe el mundo mi intromisión.