domingo, 5 de noviembre de 2017





CADA  AMANECER   

Abrí mis ojos al nuevo día, apenas entraba luz por los grandes ventanales, la suficiente como para atisbar el incipiente amanecer. Ella sintió que me removía entre las sábanas y comenzó su ritual saludo buscándome con su cabecita, olisqueando y lamiendo mis manos para animarme a levantarme. Su alegría me contagiaba. Esa carita, apoyada en los bordes de mi cama, recorriéndola de lado a lado mientras su cola se agitaba al ritmo de samba, arrancaron mi primera sonrisa del día. Me desperecé y la seguí a la cocina, yo buscando mi ansiado  café y ella esperando paciente su dosis de desayuno. Era una rutina diaria, pero no por rutinaria me parecía menos hermosa.

Cada amanecer, cada despertar, era un canto a la vida, bajar a la playa con mi niña hermosa, caminar sobre sus negras arenas, alzar la vista al cielo mientras el sol se debatía entre las nubes que  a lo lejos, cual cortina de bruma, escondían la isla vecina. 

Cada amanecer era diferente, el mismo paisaje, sí, pero de matices cambiantes, la luz transformaba los colores del cielo y también del mar, del gris plateado al azul cobalto, del amarillo al naranja o viceversa. Me embelesaba mientras me arrancaba un suspiro su contemplación, dejando que la brisa del mar inundara mis sentidos. 

Cada amanecer, amaneciendo a la vida, una palabra acudía a mi mente, brotando de mi ser, de mi soledad intrínseca, de mi paz interior: GRACIAS VIDA 

martes, 20 de diciembre de 2016

El ocaso




Sin apenas darme cuenta, pasó como una exhalación el Tiempo. Inexorable. Parecía que tenía toda la vida por delante pero de repente, como si hubiera recibido un fogonazo, me doy cuenta que ya he vivido casi todo lo que tenía que vivir. Interiorizas, eres consciente de lo mucho que has malgastado y de lo poco que te queda, una sensación como de haber administrado mal el Tiempo. Reflexionas, reflexionas mucho y en el recuento de las cosas vividas, de las decisiones que tomaste y de las que no tomaste, contemplas con tristeza que no se puede desandar el camino, que los errores no se enmiendan y que cuantas penas y alegrías pasaron por tu corazón en él quedó para siempre la huella, que si sólo hallase la huella en mí no sería tan doloroso como saber que esa huella, o herida, se causó, a su vez, en otros corazones. Sólo te queda aceptar que tus acciones u omisiones tuvieron una correlación en los demás, en esa interconexión del Todo; que si se puede enmendar aliviarán tu alma y, si por el contrario, de no poderlo hacer, será ese Karma que tendrás que pagar de una u otra forma, en esta vida o, de haberla, en otra venidera.

La tristeza me envuelve cual densa niebla. La soledad me cala hasta los huesos y amenaza con calarme hasta el alma. Barrunto la muerte no muy lejana, como queriéndose hacer mi amiga, la aceptaré mejor o peor según su amistad me reconforte, según su presencia me libere. Quiero estar preparada para recibirla, limpiar mi cuerpo, lavar mis heridas y las de los demás, si es que ello me está permitido. Desnudar el alma, arrancar todo lo supérfluo que arraigó en la piel al igual que los moluscos lo hicieran en la piel de las ballenas tras una vida entera navegando. Nada está escrito, nada está garantizado. Es esa incógnita cierta de lo inevitable, del devenir de lo que será,  ignorando cuerpo y forma; abnegados sin remedio, sin otra esperanza que la de una fe hacia la luz envolvente, hacia una paz prometida y liberadora; hacia el Todo?; hacia la oscuridad y la Nada? En su momento nos será dado a conocer.




martes, 16 de agosto de 2016

Se le murió el alma

 
 
 
 
 

 
 
 
 


Una mañana despertó y el amanecer ya no era el mismo de cada día, el nacimiento del sol ya no tenía aquellos destellos naranjas, amarillos cambiantes, que tanto la atraían; ya no dio gracias por el regalo de un nuevo día; el mar, con su ondulado vaivén, nada le contaba, nada le decía, ni un susurro, ni un murmullo, ni una alegría. La oscuridad se cernía cual losa fría. Frías notó sus manos, fría notó su vida. Despertó en el consciente, contemplando un pasado sin sentido, un presente sin motivo y un futuro sin olvido. La oscuridad la envolvía y se dejaba querer, una garra la oprimía y succionaba su vida... y se dejó arrastrar, se dejó mecer en el sopor de lo absurdo, en la iniquidad de su existencia vacía. Eso era todo? se preguntó mientras se hundía, complacida y aliviada, mientras el sueño la vencía

Los ciclos de la vida










Se cierra un ciclo, se abre otro. Es un nuevo capítulo del libro de la Vida, pero todavía no está acabado. La incertidumbre se cierne sobre el escritor, expectante se pregunta si este capítulo, el último, tendrá un buen final o, más bien, sólo será el fruto predecible de la cotidianidad elevada a decrepitud? de lo físico sí, naturalmente, pero y de lo otro? Ese otro que abarca un mundo, todo su mundo ¿desaparecerá en un agujero negro de desesperanza? No, eso no tendría sentido, o así lo cree el iluso escritor, negándose a aceptar que los anteriores capítulos eran tan erráticos que lo han conducido a un punto muerto, al vacío, al abismo de lo absurdo, y aún aceptando esto como una certeza, ostentosamente vergonzante de su propia ineptitud con la pluma, lo cierto es que todos los anteriores capítulos ya fueron publicados por entregas. Imposible reeditarlos. Cómo afrontar, pues, su último capítulo? Le podría dar rienda suelta a todos los personajes de su obra, anarquía total, y a ver cómo sale el experimento, a fin de cuentas la pluma es suya, con unos cuantos tachones puede desbaratar al más indolente de todos ellos, enaltecer al callado y solitario bonachón o matar de un plumazo al malvado bravucón. También podría darle un final triste e inesperado, pero eso sería traicionar al personaje central de su obra. No, definitivamente no. Si después de tantos capítulos, en los que su personaje se ha batido en duelo con la estupidez humana, la intolerancia, la ignorancia y demás miserias que adornan a los hombres, lo menos que se merece es un final tranquilo, alejado de la gente y, a ser posible, en una isla con sol tropical, rodeado de gente alegre, sin la mala leche de los frustrados y envidiosos de lo ajeno.
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De pronto despertó en una isla, ya no tenía que acudir a la oficina, ni enfrentarse a los subordinados, algunas veces insubordinados más bien, otras, las menos, grandes personas y colaboradores serios y respetuosos con el trabajo. Dejó de luchar contra  los días grises, fríos, contra la gente que acudía, generalmente acuciada por problemas que, normalmente,  ellos mismos se buscaban y cuyas consecuencias no asumían; ya no tenía que proporcionarles su asesoramiento por el atolladero en el que se habían metido. Había desconectado. Su principal interés se basaba en contemplar la vida, las cosas que sucedían ante sus ojos, contemplar el amanecer cada mañana, ese sol que, tímidamente al principio, se asoma entre el mar y el cielo, tiñéndolos de rojos oscilantes, realizando promesas ante los ojos  que lo contemplan, aún  somnolientos, promesas de un advenedizo día preñado de risas o de llantos, de esperanzas o desesperanzas y de un vivir muriendo;  pasear por la playa con su fiel perra labrador, lanzarle la pelota una y otra vez, viéndola correr por esa arena negra cuyas olas bañan la playa cada mañana, incansables como ella que las brinca alegre, hermosa, gozando sin más de todo cuanto la rodea. Cuantas veces -se pregunta- deberían tomarse los humanos así la vida, caminar sin más, disfrutando de lo que el día nos depara, bueno o malo, gozarlo sin cuestionamientos que escapan, la mayoría de veces, a sesudos razonamientos. 

Daba gracias a Dios cada día, inexorablemente, por su gran fortuna. La vida estaba a su alcance, o lo que sea que le restase de ella, otros se habían quedado por el camino, jóvenes todavía, con muchos años por delante, o eso creían hasta que les fue cercenada, de golpe, sin previo aviso, truncando planes y sueños. Porque la Vida, a fin de cuentas no era más que eso,  un caminar incesante, a veces por suaves arenas y prados, otras por senderos pedregosos y encrespados, el secreto se hallaba en ponerse el calzado adecuado; en no escalar cimas imposibles, ni navegar a contracorriente, dejando el sabio fluir de la vida mecernos suavemente. Pero no siempre había sido éste su pensamiento. Repasaba capítulos de su existencia, que ahora concluía como no existencia, ese devenir de propósitos cargado de ignorados despropósitos, ese correr sin tregua, esa lucha denodada hacia metas desgastantes, esa infelicidad buscando lo socialmente aplaudido y alentado, esa ceguera de la ignorancia hábilmente manipulada por los poderosos "miserables";  ese derroche de energías perdidas en absurdidades; esa desmemoria de lo natural, de lo realmente importante, a fin de cuentas, irremediablemente,  esa pérdida de Vida. 

Se puso a pensar ¿qué legado podría dejar para que otros, jóvenes aún,  no cayeran en las mismas trampas, en los mismos errores?  Pensó y pensó, pero no le hallaba solución: a) cómo se les puede desprogramar frente a un sistema poderosísimo, programático  y colectivo?;  b) cómo hacerles ver que se creen libres pero que en realidad son más esclavos que en toda la historia de la humanidad?;  c) cómo convencerles de que la felicidad no reside en las cosas ambicionadas, sino en el interior de ellos mismos?; d) cómo convencerles, frente al materialismo imperante, que sólo volviendo a nuestros orígenes, a la Naturaleza, a la búsqueda de la paz interior, a la comunión con los demás en el amor, la amistad, la comprensión, la bondad y la compasión, recuperaremos nuestra verdadera esencia como seres humanos? 
No hay salvación? -se preguntaba-  estamos abocados a la destrucción, tras el sufrimiento infinito?

Tantos filósofos lo habían intentado, a través de su sabiduría, que llegó a la triste conclusión de que nada podía hacer alguien tan humilde, para evitar el aniquilamiento, por estupidez, de la raza humana. En realidad no hacían falta tratados filosóficos para que prendiese la luz en la mente humana, únicamente había que observar el comportamiento de los animales, los cuales nunca perdieron su sabiduría genética e instintiva, e imitarlos para obtener la felicidad y la conservación de la Naturaleza y, por ende, de la Vida.

Nada podía hacer, solamente en su manifiesta incapacidad le quedaba como única opción tratar de hacer más felices a cuantos le rodeaban, ya fuera animales o personas. Eso y llorar amargamente la  impotencia de no haber podido, o no haber sabido, o por lo menos haber intentado,  evitar tamaña aniquilación de la mente humana. El "mundo feliz" había llegado sin muchos aspavientos, casi a hurtadillas. Los alfas, unos pocos poderosos, miserables por más ende, manipulaban y dirigían la vida y destino de los betas (la inmensa mayoría).

Una infinita amargura inundó su alma, se sintió un ser pequeño, insignificante, a merced no ya de las catástrofes naturales, las cuales en su natural justicia ponen al hombre en su sitio, sino a merced de los "miserables", de los sin alma, aquellos que no ven a las personas como seres humanos que sufren y padecen, y menos aún como sus iguales, para ellos sólo son cifras, dividendos, ganancias sin límite. Y entonces qué? hay un Plan Superior que nos brinda la oportunidad de ganarnos una Vida mejor, eterna, a través del sufrimiento en ésta?;  son los "miserables" el brazo ejecutor de ese Altísimo Plan? y, si es así, cuál es su premio? la vida padre en esta Vida y el fuego del infierno en la eterna? No lo entendía, su obtusa mente no lograba alcanzar cuál es el fin, el objetivo, y eso en el caso de que exista -que de existir, aún así no lo entendería- porque de no existir, estaríamos ante el mayor fraude de la humanidad: engaño colectivo para el vil enriquecimiento de unos pocos. En tal caso, pensó,  se debería convocar a las fuerzas de la Naturaleza para que impartan su justicia universal y aniquilen al animal, con perdón de los demás animales, más perverso que mora la capa de la Tierra. Una vocecita en su interior le confesó: "estamos en ello, no te preocupes".

Nuestro personaje, esa noche, se durmió exento de preocupaciones intrascendentes, ya nada debía hacer o intentar hacer, el ciclo final estaba escrito, visto para sentencia. El ciclo de la Vida tenía su propio plan, su propio Final. 
   


lunes, 23 de noviembre de 2015

Tiempos pasados, tiempos futuros, Tiempos....





Pasa la vida volando, vuelves la vista atrás y surgen las añoranzas de aquellos tiempos, tiempo de velar el sueño de tus pequeños angelitos, contemplar
 sus pequeños rostros, tranquilos, sus apacibles caritas contra la almohada que alberga el mundo mágico de sus sueños. Una sonrisa de satisfacción asoma en mi rostro mientras, ya relajada, me sumerjo en mi propio mundo onírico. El tiempo, implacable, sigue corriendo, se te cuela entre las manos, cual agua que no puedes retener y ese agua que antaño humedecia tus manos se secó, dejándote soledad en la piel, piel seca de abrazos, de olores tiernos.
Se me secó la piel, abrasada por los tórridos vientos repletos de añoranzas, se me seco el alma
....
No es cierto. No te engañes. El Alma no se seca, sólo se replega sobre sí cuando te olvidas que ella es tu propia esencia, cando te pierdes en las fracciones del tiempo y te dejas arrastrar por la confusión de pensamientos y sentimientos preñados de culpas y prejuicios. Ella se alimenta de lo bello, presente y pasado. Ella crece con el amor que anida de lo que fue, de lo que es, y lo que será. No la ancles en lo que fue, porque ya no es. No pongas el plomo de tus tormentos en sus alas. Empuja su vuelo con fuertes vientos y que los alíseos la conduzcan hacia la libertad.

lunes, 12 de agosto de 2013

Poesía a Marta

Quisiera soñar despierta
quisiera morir dormida

Quisiera ser ese ángel
 que te proteja en la vida

Que te guíe y te acompañe 
cuando te sientas perdida

Que te tome de la mano
cuando tu mano esté fría

Que me abrace la mirada
del infinito azul de tus ojos

Que mi amor te ilumine
y alumbre tu camino
como tú me iluminaste
 cuando anidaste en mi nido


Camina por el sendero
 de tus propios pensamientos 
mas no te aferres a ellos
unos serán tenebrosos 
otros serán placenteros

Unos no son buenos compañeros
te hablarán de rencores
 envenenarán tu aliento
nublarán tus bellos ojos
 con lágrimas de sufrimiento

Otros, cuales cantos de sirena
halagarán tu ego
 embriagando tus sentidos  
desviando tu camino

La senda del crecimiento
no la hallarás en ellos
la hallarás en un recodo 
al abrigo de los vientos 

La hallarás en la calma
de tu refugio interno
refugio de brisas suaves
que apacigua  pensamientos

Vuelve tu mirada  al Norte
sigue a la estrella polar
que no perturben tu paz 
 engañosos pensamientos
*****  
                                Con todo mi amor

  

jueves, 1 de agosto de 2013

La Fuente

 

Hay quien no cree en el amor. Hay quien dice que es una palabra muy manoseada y que de tanto usarla "en vano" ha perdido su significado,  su fuerza.

Yo tampoco creo en la palabra amor. Las palabras son sólo eso "palabras", que de tanto usarlas y abusarlas esconden y enmascaran el propósito verdadero, unas veces noble y otras innoble.

Yo prefiero hablar del sentimiento. Ese sentimiento que nos mueve y nos conmueve ante el sufrimiento ajeno, que saca lo mejor de nosotros, que no elige, ni pide contrapartida.

El tal sentimiento no tiene sujeto activo ni pasivo concreto. Tampoco es exclusivo de los seres humanos.  Nos brota de algún lugar recóndito de nuestro interior. De dónde? no sabemos. Por lo menos yo no lo sé. Hay quien dice del "corazón", de la "mente", del "alma".... Qué más da,  es lo de menos, nos debatiríamos en discusiones interminables y pueriles. Aquí la cuestión es a quién o a qué da de beber esa inagotable y misteriosa "Fuente".

Que mi fuente se derrame sobre tí
calmando tu sed
refrescando tu alma

Que sus aguas laven tu mirada
para que te mires en mí
y en su espejo la veas reflejada

Fuente inagotable, fuente eterna
podrás tomar cuanta quieras
mientras su manantial no enlodezcas

Sus propiedades son curativas
calman el dolor, atraen la alegría 
ahuyentan  las tristezas
  
Cuanta más bebas más manará
sus gotas se esparcerán
formando estanques, lagunas enteras

A saciar la sed puede venir cualquiera
gentes malas, gentes buenas
cervatillos gentiles, hediondas hienas

Se llama Fuente del Amor
no pertenece a nadie 
fue derramada para que tomásemos de ella

Bebamos sin miedo
sumerjámonos en ella
y esparzámosla sobre la Tierra